El tiempo pasa para todos, incluidos los edificios de nuestras ciudades. Sus partes más visibles, las fachadas, son las que más se pueden ver afectadas por el paso del tiempo. A la hora de proceder a rehabilitar la fachada de un edificio, hay que estudiar minuciosamente el estado de la misma y sus orígenes, pues pueden requerir un tratamiento de cuidado especial, algo habitual en edificios antiguos.

La huella del paso del tiempo en las fachadas

Al ser la parte más visible del edificio, la fachada se ve más afectada por el paso del tiempo que otras partes del inmueble. Los problemas más habituales son fruto de la degradación de materiales, ya sea por el efecto de agentes externos, como las inclemencias del tiempo, como resultado de reformas mal ejecutadas o por falta de un correcto mantenimiento.

El desgaste de los materiales que conforman la fachada puede provocar fisuras en la envolvente, generando filtraciones de agua y eflorescencias, además de afectar a ventilación de todo el edificio y a su capacidad para conservar frío o calor. Esta degradación también se ve reflejada en la aparición de desconchados y signos de humedad.

El paso del tiempo deja huella en las fachadas.

El paso del tiempo deja huella en las fachadas.

Acciones de rehabilitación y licencias pertinentes

La rehabilitación de una fachada puede ir desde un sencillo pintado, el cual en sí mismo ya puede suponer un importante lavado de cara, hasta una reforma estructural que pueda a afectar a las ventanas y los balcones de la fachada.

Para proceder con las obras o el simple pintado de la superficie, hace falta solicitar una serie de licencias para obtener el permiso. La misma ocupación de la vía pública es una licencia aparte que también debe tenerse en cuenta.

Además, a la hora de rehabilitar la fachada de nuestro inmueble, puede ser una buena idea aprovechar para mejorar el aislamiento del edificio, y así, su eficiencia energética; por ejemplo, sustituyendo las ventanas por ventanas de doble o triple cristal.