Los fundamentos de la arquitectura bioclimática sientan las bases de las casas pasivas y acercan las construcciones a la eficiencia energética. Esta corriente de la arquitectura es, en definitiva, aquella que aprovecha la ubicación y las circunstancias naturales del entorno para reducir el consumo de energía del edificio y conformar, de forma no artificial, un ambiente interior más confortable. Pero ¿cuándo nace esta tendencia?

Aunque parezca lo último en diseño y construcción, no lo es. En este artículo repasamos algunos hitos durante la Antigüedad en torno al efecto de factores naturales como el sol o el viento.

La Antigua Grecia de Sócrates y Aristóteles

Sócrates y Aristóteles, junto a Platón, son considerados los tres grandes filósofos de la Antigua Grecia (1.200 – 140 a.C.). Sócrates fue el primero en anticipar cómo debían diseñarse las casas, en el siglo V a.C.: “(…) es más agradable tener la casa fresca en verano y cálida en invierno” (palabras recogidas por el historiador Jenofonte), defendiendo así una forma de construir que tenía en cuenta la incidencia del sol en casas orientadas hacia el sur y en casas orientadas hacia el norte, además del viento. Así, recomendaba que las casas orientadas al norte no fueran de demasiada altura, para evitar los vientos de tramontana.

Reconstrucción de casa griega.

La influencia de Sócrates sobre la sociedad griega extendió sus recomendaciones a la hora de construir casas más allá de Atenas, hacia el medio rural, donde era más fácil elegir la orientación de las casas.

Más tarde, en el siglo IV a.C., Aristóteles promulgaría asimismo principios similares, afirmando que “resguardarse del frío norte y aprovechar el calor del sol es una forma moderna y civilizada”.

El Imperio Romano y Vitruvio

El ingeniero arquitecto romano Vitruvio cogió la idea de los griegos y le dio una vuelta buscando optimizarla. En su obra Architectura desglosó los que fueron los principios de arquitectura bioclimática que se utilizarían a lo largo del territorio del Imperio Romano. Hizo hincapié en la importancia de tener en cuenta la ubicación del proyecto, ya que no era lo mismo construir en áreas costeras del Mediterráneo que en el interior del continente.

Vitruvio defendía que los edificios de los territorios del norte debían orientarse siempre hacia el sur para aprovechar mejor el calor, y tener la cubierta abovedada. Por el contrario, en zonas sureñas, recomendaba diseñar edificios abiertos y orientarlos hacia el noroeste: “Por medio del arte se deben paliar las incomodidades que provoca la misma naturaleza. De igual modo se irán adaptando las construcciones en otras regiones, siempre en relación con sus climas diversos y con su latitud”.

Ciudad romana de Baelo Claudia, en Cádiz.

 

Más tarde llegarían los primeros invernaderos, gracias a la incorporación de la piedra de yeso o alabastro al diseño de las casas, entre otros. De modo que aunque ahora se hable tanto de arquitectura bioclimática como la forma más inteligente de diseñar y construir un edificio, las bases de ésta ya las sentaron las primeras grandes civilizaciones hace miles de años.